Los perros de Chernóbil sorprenden a los científicos: cuatro décadas después del desastre han mutado
Un estudio realizado con 302 perros que viven en los alrededores de la central nuclear revela poblaciones genéticamente diferenciadas y una extensa red de parentescos entre los animales que sobrevivieron durante generaciones en la zona de exclusión.
Casi
40 años después de la catástrofe nuclear de Chernóbil,
ocurrida el 26 de abril de 1986, los perros que habitan en la región siguen
despertando el interés de la comunidad científica. Muchos son descendientes de
animales que quedaron atrás durante las evacuaciones, aunque no es posible
establecer el origen exacto de cada ejemplar.
Una
investigación publicada en Science Advances en 2023 analizó el ADN de 302 perros
que vivían libremente en tres áreas: las inmediaciones de la central nuclear,
la ciudad de Chernóbil y Slavutych, situada a unos 45 kilómetros de la
instalación.
Los
científicos estudiaron 129.497 marcadores genéticos a partir de muestras
recogidas entre 2017 y 2019. Los resultados revelaron que los perros de estas
tres zonas presentan diferencias genéticas significativas, pese a compartir un
mismo entorno marcado por las consecuencias del accidente nuclear.
El
análisis también permitió descubrir una sorprendente red de parentescos. De los
302 animales estudiados, 233 tenían al menos un progenitor o descendiente dentro del grupo
analizado, mientras que los investigadores identificaron 15
conjuntos familiares.
El
grupo más numeroso reunía a más de 162 perros, algunos localizados en zonas
diferentes, lo que demuestra que existieron desplazamientos y vínculos
reproductivos entre las poblaciones.
¿Ha
provocado la radiación una evolución diferente?
Aunque
el hallazgo resulta especialmente llamativo por producirse en una región
contaminada por el accidente nuclear, los investigadores advirtieron de que el estudio no
demuestra que la radiación sea la responsable de las diferencias genéticas.
Factores
como el aislamiento geográfico, los movimientos de los animales, su ascendencia
y las condiciones de vida también pueden explicar la diversidad encontrada.
La
investigación tampoco permite asegurar que todos los perros actuales desciendan
directamente de las mascotas abandonadas en 1986.
Durante
estas décadas, los animales han sobrevivido y se han reproducido en un
territorio formado por instalaciones industriales, localidades abandonadas y
extensas zonas boscosas. Algunos reciben alimento de trabajadores que continúan
desarrollando actividades en las inmediaciones de la central.
Para
los científicos, estas poblaciones constituyen una oportunidad excepcional para
estudiar cómo cambian las características genéticas de los animales domésticos
cuando viven durante generaciones en un entorno profundamente alterado por una
catástrofe.
El
siguiente desafío será determinar si la exposición prolongada a la
contaminación radiactiva ha dejado alguna huella biológica específica, una
cuestión que todavía
no ha podido demostrarse con los resultados de esta investigación.











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